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Jueves 5 de Julio del año 2007: Una Séptima y un país manifestante.

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Jueves 5 de Julio del 2007, Carrera Séptima, Bogotá, Colombia.

Ese día miles de personas salimos a las calles de nuestro país para hacer sentir nuestra voz de protesta frente a la violencia y el secuestro.

Esta acción colectiva tiene importancia no sólo por lograr convocar a tal cantidad de gente en un mismo momento y todos pidiendo lo mismo, sino por ser un buen testigo de la inconformidad que sigue presente.

Aquí podrán escuchar las voces, los gritos, las campanas y todo lo que ese día represento la voz de todos los que queremos un país habitable, recorrible y en el que se pueda vivir en codiciones dignas, ya que lo importante es que esa voz de protesta siga viva, puesto que tendemos a olvidad con facilidad.

El archivo que podrán descargar, presenta una Carrera Séptima viva, emotiva, convertida en plataforma y megáfono, que al igual que otras vías de la cuidad y del país cambió su rumbo para posibilitar esta manifestación.

Es importante tener en cuenta que aunque el problema de la violencia de este país es particular, también es un asunto global y así como en este caso, la Carrera Séptima es solo un ejemplo de lo que a gran escala sucedió en el país, podría serlo también a nivel global si se escucha con atención el fondo de lo que busca esta manifestación.

El principio y el final de la Séptima: La Noción y el Hecho

¿Dónde empieza y dónde termina la Carrera Séptima?

Con esta pregunta en la cabeza me fuí a los puntos que determinan el principio o el fin de la Carrera Séptima. En el norte a La Caro y en el sur al barrio 20 de Julio. Naturalmente esto depende de si uno va o viene con respecto a Bogotá.

En medio de este recorrido entendí que una cosa es lo que consideramos Carrera Séptima y otra lo que ésta realmente es, a lo que me referiré como la noción y el hecho.

Primero me dirigí hacia el norte, buscando el punto exacto donde la Séptima deja de ser Séptima para convertirse en Autopista Norte. Fue difícil ubicar este punto pero mas o menos por acá empecé a reconocerla:

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Allí, encontré una Séptima que se presenta en medio de los Cerros Orientales, el ferrocarril del tren, pastales con vacas y casas campesinas. Hacia atrás su desembocadura en grandes puentes por donde las mulas y camiones se dirigen hacia el norte del País.

A medida que me acercaba a Bogotá me preguntaba si no habría nadie por ahí con quien pudiera hablar, mientras iba comprendiendo que la noción de Séptima que he estado alimentando tiene que ver con su carácter urbano. Allí podría pasar por una carretera en medio del campo que ni siquiera es principal, puesto que en ese punto la Autopista Norte es una vía mucho más rápida, amplia, y en mejores condiciones de pavimentación que la Séptima. Pero, también me preguntaba sobre la vida de esta avenida, aquello que me atrae tanto, aquello que me motiva a caminarla en medio de la gente y su riqueza humana, el ruido, el desorden y la contaminación.

Mientras me iba acercando a la ciudad fuí comprendiendo el hecho:
Ante todo la Séptima, incluso allí, es una vía de contrastes. La Séptima es una avenida por la que los vehículos transitan a gran velocidad, mientras estas personas llevan una vida tranquila entre cultivos y vacas, que nada tiene que ver con el estilo de vida de la Bogotá que conocemos. Es en estos habitantes donde se puede apreciar el alma del lugar.
Por ejemplo, me encontré una señora que iba caminando hacia su casa y que con una amabilidad que difícilmente se encuentra en la ciudad cuando uno tiene que preguntar cuando se siente perdido, dice: “aquí estamos en el kilómetro 20” (Haz click aquí para escucharla).

A mi paso también pude conversar con Olga y Gloria Junca:

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(Haz click aquí para escucharlas) y aquí si quieres algo más de información sobre ellas.

Para mi fué difícil hablar con la gente de esta zona, ya que esta vía, aún siendo la Séptima, no tiene aparentemente ninguna importancia o ningún interés. Tal vez porque se presenta desolada, sin opiniones en contra o a favor, no hay trancones, pitos, gritos, ni vida de calle. No hay andenes, semáforos o cualquier otro elemento propio de la Séptima de los bogotanos.

Por ello me pregunto, ¿Qué es lo que hace que la Séptima sea la Séptima?

Tal vez tiene que ver con la noción que tenemos de ella. El hecho deja claro que en ese punto lejano, la Séptima sigue conservando su nombre, pero la noción está ligada a la vida que ésta tiene en la Bogotá urbana y su periferia no es más que una extención que pareciera no representar a la capital de nuestro país.

Fué hasta la Calle 235 que comencé a reconocer signos de la Bogotá urbana. Allí encotré el primer o el último paradero de buses urbanos.

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Y allí estuve conversando con un conductor de bus que paró almorzar antes de comenzar su ruta hacia Bogotá.
(Haz click aquí para escucharlo.)
y aquí si quieres algo más de información sobre él.

Siguiendo el sentido de este recorrido, me dirigí hacia el sur de la ciudad. En teoría la Séptima acaba en la 27 sur, en el barrio 20 de Julio.

Mi recorrido por el sur comenzó en la calle 17sur, desde allí comencé a caminar por una Séptima que más parecía la carrera siete, puesto que es una calle más de un barrio residencial popular. Por supuesto conversar sobre ésta con la gente del lugar fue igualmente difícil que en el norte. Es estar sobre una Séptima que no reconozco como tal, o entrar en una dimensión desconocida de ella.

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Caminado llegue a la 27sur, aquel lugar en el que esperaba encontrarme con el punto en donde no hay nada más hacia el sur. Allí la carrera siete se estrella con una tienda que mira hacia una parque. En realidad pareciera que la calle siete acabara ahí.

Unos 45 minutos estuve en ese lugar y pude observar el movimiento de esa esquina cuya velocidad no se compara con una en Chapinero o en la Calle 100. Allí en la 27sur, la gente camina despacio, los niños juegan en el parque, una señora vende helados con sus hijos y casi ningún carro y mucho menos buses, transitan por ahí. De pronto un señor, Don Jesus, compró un helado, luego se sentó en una silla de este parque así que decidí sentarme a conversar con él un rato.

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(Haz click aquí para escucharlo) y aquí si quieres algo más de información sobre él.

Un rato después de que él se fuera un vendedor de helados pasó con su carrito y me acerqué a comprarle uno. Ricardo, el heladero, resultó ser una persona muy amable con el que también conversé.

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(Haz click aquí para escucharlo) y aquí si quieres algo más de información sobre él.

Después de estos encuentros decidí seguir la ruta para comprovar si realmente la Séptima acababa al estrellarse con esa tienda, porque que yo veía que hacia el sur había más ciudad. Así que busqué la esquina más cercana para ver si realmente la Séptima acaba ahí.

 

Me dí cuenta de que la carrera siete, no solo no acaba ahí, sino que es más allá de la Calle 35sur, donde podría decir que acaba o empieza desde el hecho, pero la noción dice otra cosa y es que, en realidad, la Carrera Séptima empieza y termina en la Plaza de Bolívar, ahí nace originalmente y comienza a expandirse hacia el norte, tiempo después hacia el sur, y con ella el crecimeinto de toda la ciudad en círculos, como si desde ese punto al que llamamos El Centro, hubiera salido despedida o des-plazada toda Bogotá.

 

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Desde la 17 sur hasta la 40sur con Carrera Séptima.

 

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Siguiendo esta ruta se llega al final de la carrera siete.

 

 

 

“¿Usted se imagina cuántos barrios me recorro yo en el día?”

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En el barrio 20 de Julio yo estaba caminando cuando pasó Ricardo, un vendedor de helados, en su carrito. Con él estuve hablando un rato mientras me comía un helado. Ricardo es una persona muy amable que me contó cosas sobre su vida como vendedor de helados y algo más.

¿Cómo es la voz de la Séptima?

Caminando por La Caro, por la 27sur, por la 106 y por Chapinero sobre la Carrera Séptima, grabé los siguentes archivos de audio:

“Una vez casi que me lleva un carro en la Séptima”

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Erica estaba en la 106 con Séptima más o menos, con sus sobrinos. Acostumbra a salir a la ciclovía en el sector del norte y fué por esta zona que casi es atropellada pro un bus Ejecutivo.

Sobre el Flash y el Mob

El Sábado 30 de Junio llegué a las escaleras de la Catedral de la Plaza de Bolívar muy a las 2:00pm. A las 2:23pm, yo seguía sentada en estas escaleras buscando entre los que pasaban por el lugar alguien que como yo, estuviera allí para caminar la Séptima. A las 2:43pm, tenía ya algunas raíces y tres amigos que como yo se preguntaban si las palomas tenían ganas de caminar. A las 2:55pm entendí que de este Flash Mob, sólo quedaba el Flash, del Mob, hay mucho por pensar y poco por contar.

¿Qué paso?

Entre los personajes que asistimos (yo, tres buenos amigos y un perro), discutimos sobre los posibles factores que le quitaron el Mob al Flash. Entre ellos, es posible que la gente haya preferido el techo que el agua lluvia que no dejo de caer ese día sobre Bogotá. También es posible que muchos de los que respondieron afirmativamente al llamado, se hayan ido a veraniar a las afueras de Bogotá, puesto que la cita era un Sábado de puente. Por otro lado cabe la pregunta de que si será que la gente se siente mas entusiasmada a participar cuando el evento propone una acción atrevida, salida de los cabellos, o simplemente fuera de lo que llamamos “normal”? A lo mejor lo que falto fue una pauta publicitaria en Caracol o en RCN.

Algo que debo reconocer es que se me olvidaba que lo importante es estar en camino más que buscar una finalidad. Allí sentada a las 3:00pm creí que el Flash Mob sólo sería exitoso si asistía mucha gente, pero después comprendí que lo que hay que rescatar es que esa convocatoria hace parte de esta Séptima Historia y el resultado de este experimento, tal y como fué, es un elemento más que hoy la compone y que en últimas es un buen testigo de la relación que la gente tiene con la Carrera Séptima.

Por lo tanto, nos pusimos en marcha y caminamos tal y como nos lo habíamos propuesto.

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1 de Mayo del 2007 en Bogotá

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Mi marcha hacia la plaza de Bolívar no perseguía un ideal político, ni caminé proclamando un lema específico. Mi papel en medio de la gran marcha era ser una observadora de lo que sucedía sobre esta vía y a la vez funcionar como dispositivo de difusión, ya que en este blog usted podrá escuchar lo que la gente manifiesta tomándose la calle, esperando ser escuchados no solo por el gobierno sino por los demás ciudadanos, como usted y como yo.

La Carrera Séptima fué la plataforma sobre la cual diferentes grupos o comparsas, se ordenaron una detrás de otra, utilizando distintos y variados mecanizmos de expresión como teatro callejero, música, danza, gritos, megáfonos, etc. Todos persiguiendo lo mismo, todos dirgiéndose hacia el mismo lugar y a la vez todos diferentes.

Mi recorrido por la Séptima este día no tenía un orden específico. Mi velocidad con respecto a la de los otros era más acelerada porque ellos, los manifestantes, sabían que el hecho de estar ahí ya era importante a pesar de que su finalidad fuera llegar hasta la plaza de Bolívar. Para mi lo importante era observar la totalidad de la marcha, para ello caminé entre la gente de manera desordenada, descubriendo diferencias sociales, inconformismo, rabia por parte de muchos, pero también tanta “recocha” por parte de otros.

Al final de día, luego de que las diferentes comparsas llegaron a la Plaza de Bolívar, los más inconformes, o los más rebeldes, o los que siempre tienden a “mear fuera del tiesto” o como cada quien los quiera ver y nombrar, modificaron el sentido inicial de este día. Con pedradas, papas-bomba y trapos viejos sobre sus rostros, nuevos integrantes de esta manifestación, transformaron la Séptima en una avenida negra, peligrosa y todavía más “rayada” por la cantidad de nuevos graffitis y fachadas de almacenes destruidas a pedradas.

Así terminó un día particular para la Séptima, para Bogotá y sus habitantes, para los que estuvieron, para los que escucharon o para los que se enteraron por otros al día siguiente.