“He visto ya varios accidentes aquí”

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Oscar trabaja de Lunes a Sábado en la puerta un bar sobre la Carrera Séptima y cuenta cómo es de insegura la zona de Chapinero más que todo en las noches.


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“Una vez casi que me lleva un carro en la Séptima”

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Erica estaba en la 106 con Séptima más o menos, con sus sobrinos. Acostumbra a salir a la ciclovía en el sector del norte y fué por esta zona que casi es atropellada pro un bus Ejecutivo.

“La Séptima parte la ciudad en dos”

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Una de estas tardes iba camianado hacia mi casa y más o menos por la Calle 50 estaba Francisco en cuclillas tomándole fotos a la Séptima. Fuí hacia él puesto que su mirada sobre la misma parecía atenta.


Un buen encuentro!!

A Zunil me la encontré por casualidad hace poco en Internet. Un amigo me envió un correo con un link a flickr.com en donde ella había publicado un texto sobre la Carrera Séptima a raiz de una discusión alrededor del Flash Mob: ¡¡Caminemos la Séptima!! en el grupo “chamizo projects”. Cuando leí el texto, la busqué en la web para hablar con ella hasta que finalmente la encotré y hablamos un rato por msn, puesto que lo que había escrito tiene todo que ver con la mirada que el proyecto busca al rededor de esta vía.

Utilizando palabras justas y un tono muy rico, Zunil, con su texto, le ha aportado mucho a esta Séptima Historia, así que los invito a que lo revisen.

A ella gracias por participar en este proyecto permitiéndome hacer público dicho texto y por ofrecerme esta imagen que ella tomó hace algún tiempo.

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Para hablar de un lugar que se transforma, tanto en el tiempo como a lo largo de su curso, hay que tener claridad en una cosa: la 7ª es cómo un conjunto de múltiples formas y variables. Sin lluvia o con ella (al llover se llena de paraguas de diferentes colores, diseños y tamaños, la gente se dispersa, coge un taxi o corre para evitar mojarse), si está de día o de noche, si es un domingo en la mañana en el que está reuniendo a grandes masas de gente que hace deporte en La ciclo vía, entre semana o un viernes nocturno (víspera de sábado) por donde vagan los jóvenes buscando un sitio para bailar o tomarse unas cervezas. También puedo expresarme con metáforas y entonces hablar de un Río de caudalosas corrientes con ambiguas direcciones y ritmos.

Hay dos maneras de andarla: está la vía, con carros en donde se recorre rápidamente y se percibe mediante imágenes que no quedan tan nítidas en nuestra memoria debido a la velocidad, por donde además pasan gran múltiples rutas de buses y colectivos que movilizan ciudadanos constantemente de un lado a otro; y el andén, por el que se camina y a cada paso que se da es un encuentro, un descubrimiento o incluso un pisotón del vecino; ambas dan una perspectiva diferente en la manera cómo es recibida e interpretada.

A la 7ª se le da vida al andarla y así se participa en su continuo fluir. Durante el día la pisan millones de personas, muchos individuos de la clase política llegan del norte de la ciudad al centro en donde quedan sus oficinas, los universitarios se desplazan por ésta para llegar a sus sitios de estudio, cientos de desplazados se movilizan por este tipo de sectores buscando opciones de subsistencia, la gente que sale recursiva a buscar trabajo, las estatuas humanas, los malabaristas de los semáforos, los emboladores, muchos artesanos y vendedores ambulantes la convierten en un callejón de una feria persa donde poder encontrar una gran variedad de cosas inservibles, música pirata, mascotas e incluso el poderoso menjurje de Noni… los “ñeritos” de la calle rondan entre la gente, duermen en medio del ir y venir o piden limosna para comprar algo de comer. Se ve gente perdida mirando el entorno con desconfianza o gente que le gusta caminar por la calle mientras conversa. Es una reunión de clases sociales, las personas llegan ahí a cumplir roles determinados y a todo esto se le mezcla el afán, los trancones de personas que se mueven cómo hormiguitas, empujones, Tumultos en donde convergen carros e individuos de todos lados de Bogotá. Al observarla se descubre que conserva algunas costumbres cachacas que han quedado fosilizadas: Viejitos que viven en su propia memoria, sacados de un Bogotá ya dejada en el pasado, quizás sentados en una silla de un parque dando pan a las palomas, o niños con bombas de helio que lloran más adelante porque se les soltó y se les fue volando hacia lo alto. Es el medio cotidiano de muchos habitantes de la ciudad, es pancarta informativa de eventos culturales o exhibición de vallas comerciales. Como también espacio para diferentes marchas.

En las fachadas cobran vida tiendas, billares, casinos… La Florida (una panadería típica bogotana), el teatro Jorge Eliécer Gaitán, del cual me atrevería a asegurar que muy pocas personas le han visto los bellos diseños que tiene en las paredes y el tejado porque no se detienen a mirar para arriba por el afán propio o el afán de los otros que lo arrastran impidiendo mantenerse en un mismo sitio. Por más que uno quisiera es una labor dispendiosa en la cual se corre el riesgo de ganarse varios codazos.

Los semáforos le dan una dinámica, un ritmo: Verde, Amontonarse, Saturación, Amarillo, Continuar, Rojo, Pare, Liberarse, Arrancar.

Hoy es una mezcla entre lo cotidiano y lo que sobrevive a diferentes épocas de la historia, en su transcurso su entorno sufre de transformaciones extremas, pero el verde telón de los cerros orientales la enmarca durante todo su recorrido.

Monumentos nacionales desde la Plaza de Bolívar pasando por distintos parques: el Parque Nacional, el de la independencia; el Planetario y la Santamaría se asientan cerca de sus bordes; así también aparecen altos edificios y modernos centros de la urbe. Cuando es interceptada por la 116 se ve la Hacienda Santa Bárbara que se ha adaptado a su nueva condición de centro comercial, pero que permite imaginar y soñar en esa inmensa hacienda que un día fue y hoy se la ha devorado el moderno y acelerado crecimiento de la capital. Ya en el norte, a las afueras de Bogotá las orillas están llenas de árboles y verde. Componiendo un camino pintoresco hacia la sabana y sus alrededores.

Todo esto la describe y la convierte en una importante vía que comunica a diferentes partes de la ciudad y la atraviesa de norte a sur, pero mas que una vía es un punto de encuentro de muchas miradas, una muestra de la diversidad cultural y social cotidiana.

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“hace tres días venía en mi bicicleta estrenando plato nuevo… entonces venía corriendo mucho…”

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Jerónimo es una persona que se transporta en bicicleta sobre la ciudad pero más que todo sobre la Carrera Séptima. Dice de sí mismo que es uno de los salvajes que atropellan gente en la calle. También habla del contraflujo como el momento en el que la Séptima se “voltea”.


Sobre el Flash y el Mob

El Sábado 30 de Junio llegué a las escaleras de la Catedral de la Plaza de Bolívar muy a las 2:00pm. A las 2:23pm, yo seguía sentada en estas escaleras buscando entre los que pasaban por el lugar alguien que como yo, estuviera allí para caminar la Séptima. A las 2:43pm, tenía ya algunas raíces y tres amigos que como yo se preguntaban si las palomas tenían ganas de caminar. A las 2:55pm entendí que de este Flash Mob, sólo quedaba el Flash, del Mob, hay mucho por pensar y poco por contar.

¿Qué paso?

Entre los personajes que asistimos (yo, tres buenos amigos y un perro), discutimos sobre los posibles factores que le quitaron el Mob al Flash. Entre ellos, es posible que la gente haya preferido el techo que el agua lluvia que no dejo de caer ese día sobre Bogotá. También es posible que muchos de los que respondieron afirmativamente al llamado, se hayan ido a veraniar a las afueras de Bogotá, puesto que la cita era un Sábado de puente. Por otro lado cabe la pregunta de que si será que la gente se siente mas entusiasmada a participar cuando el evento propone una acción atrevida, salida de los cabellos, o simplemente fuera de lo que llamamos “normal”? A lo mejor lo que falto fue una pauta publicitaria en Caracol o en RCN.

Algo que debo reconocer es que se me olvidaba que lo importante es estar en camino más que buscar una finalidad. Allí sentada a las 3:00pm creí que el Flash Mob sólo sería exitoso si asistía mucha gente, pero después comprendí que lo que hay que rescatar es que esa convocatoria hace parte de esta Séptima Historia y el resultado de este experimento, tal y como fué, es un elemento más que hoy la compone y que en últimas es un buen testigo de la relación que la gente tiene con la Carrera Séptima.

Por lo tanto, nos pusimos en marcha y caminamos tal y como nos lo habíamos propuesto.

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1 de Mayo del 2007 en Bogotá

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Mi marcha hacia la plaza de Bolívar no perseguía un ideal político, ni caminé proclamando un lema específico. Mi papel en medio de la gran marcha era ser una observadora de lo que sucedía sobre esta vía y a la vez funcionar como dispositivo de difusión, ya que en este blog usted podrá escuchar lo que la gente manifiesta tomándose la calle, esperando ser escuchados no solo por el gobierno sino por los demás ciudadanos, como usted y como yo.

La Carrera Séptima fué la plataforma sobre la cual diferentes grupos o comparsas, se ordenaron una detrás de otra, utilizando distintos y variados mecanizmos de expresión como teatro callejero, música, danza, gritos, megáfonos, etc. Todos persiguiendo lo mismo, todos dirgiéndose hacia el mismo lugar y a la vez todos diferentes.

Mi recorrido por la Séptima este día no tenía un orden específico. Mi velocidad con respecto a la de los otros era más acelerada porque ellos, los manifestantes, sabían que el hecho de estar ahí ya era importante a pesar de que su finalidad fuera llegar hasta la plaza de Bolívar. Para mi lo importante era observar la totalidad de la marcha, para ello caminé entre la gente de manera desordenada, descubriendo diferencias sociales, inconformismo, rabia por parte de muchos, pero también tanta “recocha” por parte de otros.

Al final de día, luego de que las diferentes comparsas llegaron a la Plaza de Bolívar, los más inconformes, o los más rebeldes, o los que siempre tienden a “mear fuera del tiesto” o como cada quien los quiera ver y nombrar, modificaron el sentido inicial de este día. Con pedradas, papas-bomba y trapos viejos sobre sus rostros, nuevos integrantes de esta manifestación, transformaron la Séptima en una avenida negra, peligrosa y todavía más “rayada” por la cantidad de nuevos graffitis y fachadas de almacenes destruidas a pedradas.

Así terminó un día particular para la Séptima, para Bogotá y sus habitantes, para los que estuvieron, para los que escucharon o para los que se enteraron por otros al día siguiente.